Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Lunes, 02 de enero de 2006

EDUCACIÓN

Cobarde gato cobarde.
José Roberto Vázquez


El día 30 de diciembre a las 22:30 horas recibí la visita del ciudadano Héctor Caraveo Tena, quién por teléfono me solicitó una entrevista por un asunto grave que deseaba compartir conmigo. Comienza su relato diciendo que estuvo trabajando en el desprestigiado Departamento de Reglamentos de Tecate y que cierto día, fuera de sus horas de trabajo, se detuvo a platicar con un anciano que vende dulces y otras chucherías para poder mantenerse, en la zona de ingreso a los Estados Unidos. En ese mismo instante se le emparejó pero por el lado contrario, Oscar Raúl Urbalejo, empleado de Obras Públicas de Tecate, y observó estos hechos que se convierten en una noticia difamatoria, a los pocos días, en un periódico local.
Este tema de la difamación tiene ya bastante tiempo que está siendo discutido en México y en el resto del mundo, porque enfrenta en el terreno de la discusión a dos posiciones antagónicas. Por un lado está la obligación de los medios de externar las noticias de manera responsable, respetuosa, informada -de fuentes directas y veraces- pero sobre todo, con ética periodística. Esto implica, antes que nada, el respeto a los lectores, quienes nos buscan tratando de estar informados porque con nuestros testimonios, además, refuerzan sus concepciones de la vida y nutren su conciencia social y política. En el lado contrario se encuentran los periodistas que obtienen lectores basando sus notas en información tendenciosa, falsa, que ataca el honor, crea el desprestigio y cuya intención es cobrarse cuentas que no pueden ver saldadas de otra manera.
Cuando la difamación sale a la luz pública y el sujeto agraviado es socialmente conocido, hay un impacto inmediato en su persona. Si, además, la información lanzada no puede ser inmediatamente desmentida por quien es cobardemente injuriado, se daña sensiblemente su honorabilidad. Existe una arbitraria relación entre el sujeto con el poder que le brindan los medios y la información difamatoria de las personas que es enviada a los ciudadanos. Cuando se les cuestiona o acusa penalmente por este delito contra el honor de los ciudadanos, su reacción inmediata es la de que con esto, se ataca la esencia de la libertad de expresión. Sin embargo, lo que en realidad está haciendo el difamador es enarbolar y ejercer un derecho legalmente inexistente: La libertad de difamación.
En esta columna ya he denunciado varias veces al Semanario Punto y Aparte, a su Director Benjamín Peña Chacón, a Ramona Mora de Sánchez, a Carlos Ramírez Wilson y al cobarde Gato Cobarde por publicar información falsa y difamatoria. Las calumnias que he denunciado son, entre otras, la falsa acusación de que el Comité de Participación y Defensa Ciudadana, A. C. recibe dinero del gobierno del Estado, y la mentira de que la Compañera María Dolores Ruiz Ortíz, integrante del Comité, se esté embolsando ese dinero inexistente. Estas falacias las ha sacado a la luz pública el cobarde Gato Cobarde quién, aprovechándose del anonimato, acusa en esta ocasión a Caraveo Tena de haber estado hostigando al anciano que vende chuchulucos en la línea internacional. El mismo viejito supuestamente agredido lo desmiente con una carta y ya hay una denuncia ante el Agente del Ministerio Público. Lo curioso es que aparte de Óscar Raúl Urbalejo, nadie se dio cuenta de ese suceso, y sin embargo, aparece en la columna del cobarde Gato Cobarde con pelos y señales. Otro dato interesante es que en una burda y muy rápida defensa del cobarde Gato Cobarde, la semana siguiente lo deslinda de todo y afirma que Urbalejo no es el autor ¿Por qué tanta prisa? Mientras tanto, manifiesta Caraveo que su esposa – quien forma parte del grupo que apoya a Punto y Aparte- le informó que el propio Peña Chacón le dijo que el cobarde Gato Cobarde era Oscar Raúl Urbalejo. La realidad es que sea quién sea, este cobarde difamador debe ser descubierto y juzgado legalmente, para que aprenda a comportarse como hombre.
El delito de la difamación y las sanciones que conlleva, ya están siendo revisados a nivel nacional por un grupo de personas agraviadas y abogados interesados en el tema. Los difamadores, mientras tanto, no tienen, por el momento, forma legal de que sean castigados con rigor. La razón y preocupación principal de que los delitos contra el honor de los ciudadanos sean plenamente legislados es que, la impunidad en este aspecto es mucho más alta que en todos los delitos.
Algo más
Nada permanece oculto pues lo que se esconde, siempre es descubierto.
Ultimo
¡Aguas cobarde Gato Cobarde!
vazquezjr@yahoo.com
Lic. en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

Por: miguel angel vazquez ramos | José Roberto Vázquez | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009