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Domingo, 21 de mayo de 2006

La colmena

Una era de hastío
Jorge Arturo Freydig*

En su poema liminar “Al lector” de Las flores del mal, Baudelaire anunciaba nuestra era de hastío:
«!Hay uno más malvado, más lóbrego e inmundo!
Sin que haga feas muecas ni lance toscos gritos
Convertiría, con gusto, a la tierra en escombro
Y, en medio de un bostezo, devoraría al Orbe;
¡Es el Tedio! —Anegado de un llanto involuntario,
Imagina cadalsos, mientras fuma su yerba.
Lector, tú bien conoces al delicado monstruo,
—¡Hipócrita lector —mi prójimo—, mi hermano!»
Y el desencanto del mundo se repetía en otros y tantos poemas, como inclusive un “himno a la belleza” que la invoca como lejana tabla de salvación; cual si ya antes de aquel 1857 le fuera conferido al poeta atisbar en la bola de cristal de las siguientes generaciones.
Con esta publicación debutaba en la historia la estirpe de los Poetas Malditos a los que, en adelante, ya fuese por inequívoca postura existencial, por ineludible condición o por simple esnobismo (que no es sino condición de nuestra época), los poetas se proclamarían protegidos de su terrible ángel tutelar:
«!Bendito seáis, Señor, que dais el sufrimiento
Como divino bálsamo de nuestras impurezas...
Yo sé que reserváis un sitio a los Poetas
En las gozosas filas de las legiones santas...»
Es el mismo cielo impasible al que Mallarmé, otro maldito, eleva su plegaria:
«¿Hay medio, o yo, que he visto de cerca la amargura ,
Por el monstruo insultado, de hundir ese cristal
Y escapar con mis alas de pluma despojadas,
Temiendo desplomarse desde la eternidad?»
En la siguiente generación, otro francés, Rimbaud, proclamaría a su vez la locura congénita de la estirpe maldita mientras orina su desprecio a la raza infrahumana, bajo los augurios secretos de la luna.
Y Rimbaud fue más allá y —corriendo el camino que serpentea desde los Iluminados de Baviera a los anarquistas filosóficos y al brujo Aleister Crowley— decidió que la única ley es “haz lo que desees”.
No de otra forma hubiera optado por vivir, tras de beber del cáliz del ajenjo, de la trata de blancas en Abisinia. Vivir joven, hermoso y sin remordimientos... como el vampiro de Stoker.
Pero, como digo, el camino por el que corrieron los Poetas Malditos ya serpenteaba a los pies de los experimentalistas morales a partir de las revoluciones del XVIII.
Ya escribía con trazos fecales por el índice de De Sade, ya cuadrangulaba triángulos existenciales con Byron y Percy y Mary Shelley, ya aspiraba a la venganza del inmortal con Polidori, ya daba alaridos por los túneles de la sinrazón con De Quincey y Poe.
Fue la nueva rebelión angélica que violentaría los límites del espíritu y haría posibles a Kierkegaard y a Nietzche.
Lo demás... la decadencia de Occidente, el holocausto nazi, las grandes guerras, el armamentismo atómico, la globalización neoliberal... serían sólo pequeñas sacudidas en el vaivén de la historia.
Era el hombre que abandonaba a los dioses que lo abandonaban y caía en el abismo de la soledad de la razón.
Tal fue el camino que la serpiente hizo ondular a los pies de los poetas que buscaron correr por él hacia el origen del arco iris... para sólo alcanzar el tedio, hallar al monstruo devorando las raíces del color.
El monstruo que devoraba la imposibilidad de ser otra cosa que lo que somos hoy.
Sin embargo, no era la primera vez que el hombre abandonaba a los dioses y se erguía orgulloso y solitario a desafiar los horizontes de la posibilidad... y no caía en la desesperación.
Ni aún las paradojas de Zenón de Elea desesperaron el corazón de los griegos que aún tuvieron la fuerza para la invención de la lógica en tanto reinvención de la luz.
Así iniciaron los griegos una brecha que los romanos pavimentarían como vía de la razón. Tal como Marguerite Yourcenar nos recuerda en las notas a las “Memorias de Adriano, las luminosas palabras de Flaubert:
«Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre».
Entonces, si ya anduvieron con luz el mismo camino que hoy andamos en tinieblas, ¿qué sabían los antiguos, qué tuvieron los antiguos que hemos perdido?


* Periodista y promotor cultural
Comentarios: freydig1@yahoo.com

Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)

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