Jueves, 01 de junio de 2006
Mago de Oz y el beso
Jorge Arturo Freydig*
“Nos dijeron que en Mexicali, Tijuana y Ciudad Juárez íbamos a encontrar que eran muy gringos... ¡pero gringos mis cojones!”
“!México México México México...!, empezó a gritar la raza en la Plaza de Toros Calafia.
“Nosotros preferimos ver con nuestros ojos antes de creer lo que dicen”, puntualizaba el vocalista del grupo de rock español Mago de Oz.
Poco antes se dijo asombrado de ver en estas “cálidas tierras” (léase pleno desierto) tanta gente agrupada en torno a una respuesta cultural... tanta gente haciendo de su asistencia al concierto del 26 de mayo un significativo acto cultural.
Aunque no fue en realidad tanta la asistencia, comparada con otros eventos masivos en la misma plaza, los cerca de dos mil asistentes se entregaron por entero al espíritu del concierto y de estos músicos que se constatan como grupo de culto.
Hay al menos tres cosas distintas en Mago de Oz con respecto a otros grupos rockeros:
En lo musical, su distintivo sonido juglaresco, cuyas reminiscencias las logran, a la par de los bajos, el teclado y la batería propios de cualquier orquestación rockera, al privilegiar flauta, violín y guitarras electroacústicas en un gusto por la melodía y verdadera alegría rítmica que, asombrosamente, logra cautivar a sectores identificados con el punk.
En la performancia, que el leather y las greñas largas que ondean y sacuden siguen significando aquí lo mismo que significaron para la revolución del 68, y no el simple esnobismo o la nostalgia light que se puede observar en los grupos que suelen participar en los festivales de rock progresivo.
Y, tercero, y más importante, que “lo que los hace distintos son sus letras”... citando a mi hijo Jorge Iskander, por quien acudí a este concierto para hacerle uno de sus regalos de cumpleaños, cancelando incluso el compromiso del libro de un amigo que debía presentar en la ciudad de Tijuana en la Feria del Libro (pero no cada año tu hijo cumple quince años).
Ahora que tal vez fui yo el del regalo, al constatar que la predilección de mi hijo por este grupo no es mero efecto del gusto mercantil de su interacción generacional, sino de una postura ideológica, insospechada para mí hasta el momento.
Algo empecé a entender de por qué este grupo atrae a la raza de negro... “hasta que el cuerpo aguante... hasta que aguante la voz”.
Porque Mago de Oz es aquella voz que te advierte contra la transformación de tu hábitat en “La costa del silencio”, el vertedero tóxico de las industrias del imperio del norte.
Es el flautista que te hace seguirlo por la senda de liberación de la “Fiesta pagana”, la alternativa al fundamentalismo religioso.
Es el violín y el bajo que te invitan a continuar el atrevimiento de los sueños que se enfrentan a los “Molinos de viento”.
Es la guitarra y la flauta que te congregan en una renovada espiritualidad gregaria en la “Danza del fuego”.
Es la orquestación de rock que te advierte de las nuevas tretas del mercantilismo de “Satania”, la oferta y la ganga de “deseos.com”.
Y es el performance del leather gay que te invita al destape al que alguna vez incitaron entre lágrimas el Rocky Horror Picture Show y entre risas la movida madrileña, y que entre masculinas vociferaciones sopranas sigue aullando a la luna llena.
Al presentar a los integrantes del grupo, todos varones en su mayoría de edad madura, el vocalista los va saludando de abrazo y beso, digamos, europeo.
El público, en su mayoría muy joven y mexicano y vestido de punk negro, contiene el aliento en cada beso...
Como dice su canción con este respecto: “El que quiera entender, que entienda...”
En cualquier momento espero escuchar el sucio escupitajo análogo a los de los hiper-homofóbicos cómicos chilangos que se atrevieron (para su mal y auto-vergüenza) a parodiar un poema de la calidad de “Brokeback Mountain”.
Pero no; he subestimado a estos jóvenes...
Definitivamente, como dice mi hijo de Mago de Oz: “Lo que los hace distintos son sus letras”... pero particularmente que sean letras en español... Lo que alguna vez intentaron Queen, Doors, Elton John, George Michael, adquiere y asume sentido para esta juventud hispana.
Sí, de hecho, Mago de Oz y yo asistíamos en esta frontera al asombro de un verdadero acto cultural... nacionalista y universalista.
“!Otro beso!”, gritó una de las fans cuando el vocalista terminaba de abrazar al más guapo de los integrantes...
Pues bien, a ella al menos le daba gusto... y dos mil jóvenes aplaudían...
El que quiera entender, que entienda...
* Periodista y promotor cultural
Comentarios: freydig1@yahoo.com
Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)
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