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Lunes, 05 de junio de 2006

Casi 2 mil personas asisten al concierto de Lila Downs

Es un honor, una gran responsabilidad” dice la cantante al enterarse que Chavela Vargas la considera su sucesora



Por Jaime CHÁIDEZ BONILLA
TIJUANA.- Hay un momento especial: Lila Downs se sube a una especie de pequeño estrado bañada por las luces tenues que rebotan en el rebozo, en el vestido de china poblana, en el maquillaje remarcado. Se cimbran los mil 800 asistentes y comienzan a cantar con ella las dolorosas coplas de José Alfredo, “porque sé que de este golpe ya no voy a levantarme”. Chillan los aplausos. Gritan las mujeres ufanas en una noche que saben que el amor ya no les interesa, cantarán por todo el mundo, su dolor y la tristeza.



Ahí comienza el concierto de la señora Downs, aunque en realidad desde hace 30 minutos ya ha calentado el ambiente de un nuevo espacio para ella, la cancha de frontenis, el gigante anciano llamado Jai Alai.
Es la primera vez que se presenta ante casi 2 mil personas. Hay gente de San Diego, California, de Mexicali, de Ensenada, Tecate y Rosarito. Por supuesto, los tijuanenses disfrutan de un platillo que cada año se repite y se ha convertido en la rutina deliciosa (ésta es la excepción que rompe la monotonía).
El concierto del viernes 2 de junio se caracterizó en su primera parte por una diferencia: las piezas musicales del quinto disco de Lila, “La cantina”. Vestido y botas de por medio, la artista no dejó de bailar, como lo había prometido.



“La cumbia del mole”, “Agua de rosas”, “Tacha la Teibolera”, las piezas compuestas por Lila para este disco, fueron cantadas con garbo y desenfreno al mismo tiempo. Fue un concierto cálido, literalmente. Las transpiraciones se fueron apoderando del espacio y las cervezas frías (ventajas de este lugar) fueron indispensables para los parroquianos que abandonaban sus asientos de acuerdo a la emoción en turno.



Abajo hubo mesas para los que quisieran estar cerquita de la muchacha, darle una florecita, pedirle “Laila”, o gritarla “guapa”, ese fue un privilegio de 500 pesos. Más arriba, más de lejos, de cualquier modo la cantante se miraba bien porque había 2 pantallas lo suficientemente grandes para confirmar las sospechas de un concierto esperado desde hace un par de meses.
Muchas de las mujeres sacaron trapos especiales, de los que se venden en los pueblos del sur de México, y caminaron orgullosas con huaraches frescos. Los hombres, más distraídos que de costumbre, atinaban a guardar silencio y sonreír según se necesitara.
Fue un noche de mujeres: desde las suripantas de pueblo (que concepto tan añejo) y teiboleras que cantan rancheritas, hasta esas lloronas que no encuentran a sus hijos y las que se embriagan con otro hombre (ya no soy Laila para ti).



Buen concierto, sin duda alguna. ¿Cómo compararlo con los que Lila ha ofrecido en el Centro Cultural Tijuana, en la Casa de la Cultura de Tijuana, en el restaurante del Cecut y El Lugar del Nopal, en sus inicios? ¿Cómo ofrecer un termómetro? Este fue el más nutrido, el más lleno de sentimiento ranchero, el que cada vez propone más músicos, el que se acompaña de videos que muestran el chocolate, el chile, los jitomates, es el concierto que sirvió para que la conocieran por primera vez los que van apenas van llegando a su mundo extraño.
No faltó quien se quedara con la boca abierta ante los agudos alcanzados por esta mujer en “La llorona”, quizás porque no sabía de su pasado operístico, de aquellos tiempos en que deambulaba en distintos lugares de Estados Unidos y no se sabía si su futuro estaba en la ópera, el rock o el jazz.



Detrás de una gran mujer siempre hay un chingo de hombres con talento, por supuesto. Ejemplos: ¿no es un lujo necesario, tener en el harpa y violín a Celso Duarte y al señor Paul Cohen en el clarinete?
Cuando la dama que canta se quiere ir sucede lo predecible, no se lo permite el ruido de gargantas y tiene que regresar un par de ocasiones más para cerrar con El Bracero Fracasado y un broche de oro con gritos de dolor,"tengo miedo de buscarte y encontrarte donde me aseguran mis amigos que te vas".
Cerca de la medianoche, a la hora de los autógrafos, las fotografías con celular, los apapachos, Lila Downs escucha una última pregunta del reportero frívolo.



- ¿Qué opinas de lo que declaró Chavela Vargas esta semana, en España, diciendo que en México tiene una heredera, la cantante Lila Downs, “ella es la única, no hay más, su música es pura pasión y desgarro”?.
- Tengo que conectarme con ella porque no he tenido la oportunidad de tratarla, aún en la película de Frida. Es un honor que ella diga eso, imagínate, ella que es una eminencia, que diga una cosa así es un honor para mí. Es mucha responsabilidad.

Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)

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