Jueves, 15 de junio de 2006
Los nombres de la tierra
Jorge Arturo Freydig*
Qué vocación de rojos, de pardos y blancos, de verdes y dorados, la de esta tierra; y la vocación es llamamiento.
En el delta y sus humedales verdean el tule y la cachanilla, se doran el trigo gentil y el carrizo, negrean de bagres marinos y fluviales el estuario y los remansos.
Más acá, donde el Valle de Mexicali se despliega en llanuras terrosas, la pajiza corteza del desierto promete humus a la arcilla y a la arena, obsequia el mezquite las sepias vainas de la péchita, brilla de plata y clorofila el álamo papaloteando al sol, da su sombra de hojarasca el palo verde, un ramo amarillo de primavera. Bosques fueron, que luego fueron talas y erosiones, que luego se nevaron de algodonales, verdearon de alfalfa y se doraron de trigo.
Más acá aún, entre los vapores del Cerro Prieto, relucen las obsidianas y respiran las porosas piedras pómez.
Más allá, la negra roca y la arena dorada juegan su ajedrez en la Sierra de Las Pintas, sombría de murciélagos en los ocasos.
Entre las dunas y los pedregales se coronan con flores de oro el saguaro y la visnaga —los persistentes nombres populares que hoy se quiere corregir como cardón y biznaga—; y se perpetúa en clonaciones centenarias la gobernadora, la resinosa larrea que en las lluvias o al rocío de la mañanitas aroma a dulce alquitrán las brechas serpenteantes entre guaridas de cascabeles.
Y en las faldas de las sierras y en los bordes de la Laguna Salada, se desperezan los troncos marrones del palo fierro, el que reinó entre las blancas anchuras hasta que otro rojo, de hornos y fogatas, casi acabó con ellos.
Y la savia silvestre y el murmullo de la naturaleza colorean una y otra vez el paisaje; la ciudad, el valle, las sierras, la laguna, el delta...
...Ya se blanquean de garzas, espumas vivas de los regadíos y nubes raudas en los cielos de sequía por los que se extravían las gaviotas del golfo y emigran los halcones blancos...
...Ya se oscurecen de chanates, henchidos de cuervos los follajes de los pinos salados juntos a los canales y los laureles esmeralda de los bulevares...
....Ya emergen en todas las tonalidades de la tierra los perritos de la pradera en los arcillosos baldíos, las codornices bajo los follajes llorones de los mezquitales, las lechuzas en los tocones de los sotos y entre las vigas de las casas abandonadas, las palomas sobre los cables de la electricidad y los techos de cartón arenado.
Por todo ese asombro de tonalidades que se esfuerzan por poblar lo que pudo haber sido un desierto blanco, los pobladores dotados de voz sembraron el valle de nombres mágicos.
Dijeron: Sesbania, Hechicera, El Peligro, Tolicheck, Batáquez...
Dijeron: Cuervos, Pescaderos, Tecolotes, Los Algodones, Álamo...
Dijeron: Compuertas, Colonia Progreso, El Faro...
Fue la suya una voz que sonaba a arado y esperanza, fue la suya una lengua que se va olvidando:
"El tren corría de Sesbania a Hechicera
y de Batáquez a Paredones,
cuando Mexicali era un pueblo fantasma."
Así escribió el poeta Gerónimo Massiel, ya nostálgico en los mil novecientos noventa.
Algunos nombres persisten. Otros van perdiendo ante el empuje de la voluntad oficial: Cuervos, Tecolotes, Álamo... se han querido suplantar por “Ciudad Morelos”, “Benito Juárez”, “Cuernavaca”; los lugares comunes con que el Estado Mexicano ha querido reordenar el mosaico antiguo, y temido, de las identidades.
Pero acaso la voluntad popular, si bien la incuestionable autoridad para nombrar las huellas de la Historia, terminará también por transformar otros vocativos, y nuestro puerto natural, San Felipe, un día será San Felo, y Mexicali tal vez será Chicali...
Más doloroso sería atestiguar que, al embate de la misma autoridad popular masificada, aquellas progresistas colonias que un día conocimos como Carvajal, Pro-hogar, Palaco, San Marcos, no sean ya sino la Yerbajal, la Drograr, Palacoca, San Narcos...
Así suele ocurrir a los pueblos que se pierden el respeto, que se pierden a sí mismos.
Así como, al embate de la voluntad del Imperio, la Baja California, la más antigua y noble California se va transformando simplemente en “la Baja”, la indigna, la ruin.
* Periodista y promotor cultural mexicalense
Comentarios: freydig1@yahoo.com.mx
Ensayos de su columna “La Colmena” en La Crónica de Baja California.
Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)
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