Jueves, 15 de junio de 2006
En tan solo media hora, con el teatro al tope, el colectivo tijuanense se acompañó de la Banda Agua Caliente y rompió con la solemnidad de un espacio magistral
Por Jaime Cháidez Bonilla
MÉXICO, D.F..- Y se hizo la historia.
Fue tan sólo media hora de acción pero un gran instante para la cultura contemporánea tijuanense.
26 músicos fronterizos en el escenario más importante del país, el Palacio de las Bellas Artes. El colectivo Nortec y la Banda Agua Caliente fundieron sus sonidos en un lugar abarrotado que tuvo que cerrar sus puertas ante el exceso de asistentes, mientras en el patio exterior otras 500 personas atestiguaban el concierto por medio de una pantalla gigante (poco a poco se fueron sumando más).
Afuera existía una fresca llovizna; adentro, el sopor de las respiraciones y la expectativa de observar una singular propuesta: tubas, timbales y trombones, como siluetas de fondo para los 6 mostradores de madera norteca, las cajas musicales comandadas por los niños de la andropausia, esos muchachos que estrenaron traje a su medida (ropa nueva para un lugar de alcurnia) y arrumbaron en el hotel las camisetas deslavadas y los pantalones derruidos.
Esa noche, Nortec estaba de fiesta-aniversario (hace 7 años comenzó el descubrimiento de un concepto, y por ello entre los invitados especiales se encontraba la familia, los fanáticos y los amigos (en la lista original se apuntaban los nombres de Gael García, los chicos de Café Tacuba y el Ché Cerati que en ese mismo momento tocaba en el Auditorio Nacional).
A las 22 horas del jueves 1 de junio de 2006 el telón-pantalla del teatro del Palacio de Bellas Artes proyectó la frase “Tijuana makes me Happy” se escucharon los aullidos de placer-éxtasis que marcaban el inicio de un concierto parteaguas.
Pues yo me imagino que... comenta un pobre hombre que se pone filófoso a la orilla de la playa. Y ahí mismo se arranca el acordeón de Juan Téllez y la guitarra fresa del salvaje Juan Carlos Reina. Era la primera de las piezas musicales que , ensayadas durante varias semanas, servían de tarjeta de presentación para muchos de los presentes.
Olvídela compa se desplaza como murmullo entre chinos, australianos, cachanillas y chilangos, todos ellos concentrados en la inauguración de “México. Puerta de las Américas, el III Encuentro de las Artes Escénicas”.
El propósito de este encuentro cultural es que los artistas mexicanos se muestren ante al visitante –como vitrina con ofertas especiales- y puedan ser contratados en distintas partes del mundo.
Paradójicamente, fue en un concierto de Australia, donde Nortec acababa de presentarse, que autoridades de CONACULTA hicieron la invitación formal para que aceptaran cerrar el programa musical de la inauguración en Bellas Artes.
Desde ese mismo momento, Bostich (Ramón Amescua), Pepe Mogt (Fussible), Roberto Mendoza (Panóptica), Pedro Gabriel Beas (Hiperboreal) y Jorge Verdín (Clorofila) iniciaron una constante relación de ensayos con la Banda Agua Caliente paa poder ofrecer en vivo un recital a la altura de las expectativas.
Conforme pasaron los minutos, la solemnidad del recinto cultural se fue transformando en un espíritu de fiesta que recibía con aplaudos cada una de las piezas interpretadas (Tengo La Voz, Bar infierno, Dandy del Sur...). Atrás de los músicos la pantalla era dominada por Octavio Castellanos que ofrecía el discurso visual del diseño que Nortec ha creado en forma paralela a su música.
Todo fue tan rápido.
Los 30 minutos corrieron como agua que busca el fondo y las bocinas anunciaron los primeros acordes de Polaris. Era el final. La pelona de Ramón concentrada en su computadora lo decía todo. La pieza emblemática de Bostich, la que comenzó todo, fue la más adecuada para darle fin a esta rebanada de pastel (el trombón y los timbales sonaron justos cuando deberían de hacerlo, dramáticamente leales a lo que se inventó en la primavera de 1999).
Los nortectos levantaron la mano, voltearon hacia los 3 pisos, querían congelar el momento, y recibieron la ovación de sus compas, de los extraños, de sus nuevos conocidos...
El gran telón de Bellas Artes cerró la escena y poco a poco los asientos rojos del lugar comenzaron a quedarse solos.
Tijuana estuvo en Bellas Artes.
Fue un gran instante para la cultura fronteriza.
Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)
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