Miércoles, 06 de septiembre de 2006
La sexualidad revolucionaria y Lorca
Jorge Arturo Freydig*
Los “Sonetos de amor oscuro” fueron escritos por Federico García Lorca durante una temporada en Nueva Inglaterra entre 1929 y 1930:
«!Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!...
¡Ay perro en corazón, voz perseguida,
silencio sin confín, lirio maduro!...
Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo...
¡que soy amor, que soy naturaleza!»
Estos sonetos eróticos y homoeróticos fueron prácticamente desconocidos durante el franquismo, y sólo después empezaron a circular en las ediciones del mundo:
«Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido...
Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía...
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!»
Es el mismo y oscuro objeto del amor innombrable de Oscar Wilde (el otro oculto y el Dorian Gray y el preso de la cárcel de Reading “que vive más vidas que una y más muertes que una debe morir”), del Narciso de Pasolini (“Yo soy una violeta y un aliso, el negro y el rosa en la carne”), del sí mismo de Whitman (“Cada especie para la suyo, y para mí la mía, varón y mujer... Iré a la ribera junto al bosque, me quitaré el disfraz y quedaré desnudo”).
Y Lorca canta su “Oda a Whitman”:
«...gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja...
Tú buscabas un desnudo que fuera como un río...
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto...
Por eso no alzo mi voz...
contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero...
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio».
El mismo tema aparecerá en “Así que pasen cinco años”, que fue considerada una de sus piezas teatrales “irrepresentables”, donde la homosexualidad y la sexualidad misma son expuestas freudiana y revolucionariamente: «No es tu engaño lo que me duele. Tú no eres mala. Tú no significas nada. Es mi tesoro perdido. Es mi amor sin objeto».
Poeta, dramaturgo, compositor, dibujante, actor de teatro, activista político, Lorca era un torrente de vida, admirado y querido por lo más ilustre de una España que vivía el momento más luminoso de su historia.
Como poeta verdadero fue también un visionario, y como su coterráneo Ortega y Gasset advierte los inicios de la tremenda masificación del siglo XX. La serie de poemas “Poeta en Nueva York” es una visión del desarraigo y la simulación identitaria de los norteamericanos como factor que empuja a la violencia:
«Ay, Harlem disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!...
Me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores.
A través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y crímenes diminutos...»
Llevado preso desde el principio de la Guerra Civil Española, objetivo primerísimo del fascismo, fue muerto de tortura, muerto de insomnio y de barriles de café; muerto estaba ya cuando lo acribillaron junto a un olivar en las afueras de Granada y abandonaron su cuerpo en la fosa común de lo desconocido. Desde entonces gimen los olivares de Granada y del mundo... “arbolé, arbolé seco y verdé...”
En agosto se cumplieron 70 años de aquel asesinato de la libertad.
Pero no sólo fueron su postura antifascista lo que lo hizo blanco tan codiciado de los golpistas conservadores; y no sólo fue el sentido provocador de la mayor parte de su obra; ello fue únicamente el olor de la presa para la jauría.
Fue su vida el anatema, fue todo el significado y peso de una existencia como la suya el riesgo para el sistema, la libertad que entrañaba, el grito de libertad que exudaba cada uno de sus poros. La suya fue una vida en resistencia. La suya fue la resistencia.
Como a los poetas malditos franceses antes, como a Pasolini después, esto fue lo que le pasó a Lorca. La rabiosa aversión política que suscitó entre los falangistas no fue la que provoca un simple activista político o fue el suyo el castigo ejemplar a un miliciano destacado.
Su fatalidad la marcó un miedo político, profundamente miedo y profundamente político, al ente revolucionario que puede ser más riesgoso para los sistemas establecidos, el que desempolva almas como quien golpea un tapete pisoteado demasiado tiempo, el que azuza el deseo, ese deseo reprimido que llevas dentro, que es germen del caos que es germen del renacimiento.
* Periodista y promotor cultural
Comentarios: freydig1@yahoo.com.mx
Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)
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