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Martes, 26 de septiembre de 2006

"LOS ANGELES NEGROS DEL ZACATECAS"

miguelobo

“El mínimo derecho que se puede ejercer ante la imposición
cultural, -o de cualquier tipo-, es el derecho de la voz: La crítica
debe en nuestros países plantearse como una toma de posición,
-como un juicio-, que trate de ser objetiva y lucida sobre una obra,
corriente o grupo,”
Antonio Toca Fernández

Frente a la rockola, la mujer inyecta las monedas en la ranura, preparando el siguiente momento, prepara el escenario, posando, modelando, calculando el impacto de cada movimiento, de cada giro, se sabe de memoria los números reservado para cada canción, las que le gustan y de las que gustan los clientes y amigos, que son los que aportan las monedas para ilustrar con sonidos el momento, pero ella de todos modos pasa revista al directorio, finge que busca y ubica, son los preliminares para concentrar la atención de la concurrencia, para convertirse en el blanco de todas la miradas, alguna tarde cuando el sol entra por las ventanas al billar y se estrella contra la pared, alucinando a los jugadores de carambola, la mujer toma su espacio y conduce la respiración, se pega al aparato reproductor de música, siguiendo la forma de este, es un pretexto para regalar un momento de placer, sabiendo que es observada con ojos de deseo, con miradas libidinosas, se mueve ligeramente, al suave ritmo de la música que aun no concurre a la atmósfera, frota las frondosas nalgas contra el ambiente del lugar, suave como el ritmo del sexo ligero, del amor en cama con mucho tiempo, sexo con todo el tiempo del mundo, movimientos de cadera ondulantes, tiernos, que se prolongan por toda la eternidad, sin mover los pies del lugar, todo el ritmo se concentra en sus caderas y en el seductor trasero, es un ritual que dura unos minutos, el sabor es para siempre, la imagen se queda en las venas y corre con la sangre, con la respiración, la vida se suspende, todo se congela, nadie se atreve a interrumpir el sagrado momento, la morena, la buenona esta en la sinfonola, oprime lentamente las teclas para que la música se dispare en todas direcciones del billar del poncho, llevando hasta cada esquina el sabor de ese cuerpo moreno que camina por toda la piel, por todos los sentidos, sabor que se pega al cuerpo, que invade la falsa moral y la sacude, estremecimiento de de insipiente conciencia, de descarga eléctricas que surcan la espalda, que brinca al sabor del placer, ganas que se ahogan en el miedo, el placer mas grande es negarse el placer, el dolor mas cabròn es ver el placer de los otros desde las gradas de la miseria cotidiana, de los marginados de los sentidos, la morena agita las voluptuosas nalgas con tropicales movimientos celestiales, afirmando su control del momento, no hay mas que placer colectivo, comunión en el salón, sobre el paño en que las bolas disputan el triunfo, ese cuerpo de chocolate tiene la virtud de despertar del sueño alcohólico, de la hastiada rutina, es sexo lo que se respira, lo que circula por la carretera del espectador, la morena mueve la caderas, prolonga el movimiento, ahora acompañada por la melodía, la rockola vomita una vetusta rola de los "ANGELES NEGROS", -"amor, adiós, no se puede continuar"-, la mujer poco a poco abandona el altar de la ceremonia, lentamente va dando paso al siguiente numero, hay un suspiro colectivo tras el cual el grupo oldis se empalma en el escenario, la pasión cambia de dirección, va al encuentro de los amores pasados, de la novia del pueblo, de la vecina, de la hermana del compa, tal vez la mujer de otro, el primer baile, el primer amor de contacto físico, la ganas, las ganas siempre las ganas reprimidas, la novia que nunca fue la amante, la frustrada amiga que invitaba a un inseguro galán, el regreso a los 15 años, a los 20, a los 30, a un pasado infeliz pero idealizado, ganas de llorar y de ponerse meloso, los de la barra ni por enterados se dieron, se perdieron del rito de la morena, pero mas descansados bailan en las periqueras al recuerdo del siguiente dolor, del sufrimiento por todo lo pasado.

Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)

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