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Jueves, 28 de septiembre de 2006

Jorge Arturo freydig

Lo nocturno se cuela por los poros de la camisa.
La calle es niebla como la incertidumbre.
No hay frío en la memoria como el de este momento.
La nariz es dura;
pero no puede con la sospecha.
El andar premeditado ha extraviado su pericia.
También el desamor es extravío.
No habrá crucero que redima al desencuentro.
La costumbre se volvió un retorno ciego.
Cuando el muro no era ruina ya era un mural ilegible.
Ya tiritaban de lluvia ácida las alcantarillas.
La ceniza de la arboleda fue siempre el marco de referencia.
¿Temerán a la noche las raíces?;
porque yo temo;
y estoy solo entre mis profecías.
Cuando el sol se asome al muro ya nadie podrá descifrar los signos.
Cuando el aire vuelva en celo volverán ya oscuros los perdidos nexos.
Nieva el agua de la Luna.
También la soledad es una grabación de teléfono.
Un día acordaremos terminar con el vacío.
Ya las urbes sin contrato contra sí pactaron selvas.
Habrá una espléndida erupción de Ello.
También el aire es un presagio.
El zapato duele.
Nada ha sido semejante a este momento.
El recelo guillotina las ventanas.
Los nombres son dudosos.
Los amigos son e-mails.
Una patrulla impone el estertor del Orden.
Una sombra terrorista baila en la esquina ebria.
Un taxi toma La Muerte.
Los ahorcados del sistema penden del precipicio de las aceras;
¿podrán nacerles mandrágoras?;
¿fecundarán aún a la especie?
También el desamor se derrama del desconsuelo.
Todo se volcará en un derrumbe.
Todo vendrá del vaticinio.
También persisto;
no sé ya por qué no hacerlo.

¿Dónde estás; que no duermo?

Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)

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