Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Lunes, 11 de diciembre de 2006

EL ESTANQUILLO.-

Frivolitos de la olla
Busto, luego existo

“No te mueras Monsiváis” gritó un hombre desde la fila de atrás. El escritor, inescrutable rostro, asomó una semisonrisa, lo observó detenidamente y no quiso contradecirlo.

Por Jaime Cháidez Bonilla

Primero fue en la ciudad de México. Carlos Monsiváis pudo recorrer, al fin, su propio museo con 520 piezas de más de 10 mil que ha donado para la creación del Museo del Estanquillo.
El pasado miércoles 22 de noviembre se podían reconocer a distintos personajes del ambiente cultural y el espectáculo. Por ejemplo, Yolanda Montes “Tongolele” parecía arrancada de la pantalla grande cuando se desplazó por el viejo edificio ubicado en Isabel la Católica 26 (esquina con Madero) en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Ahí mismo caminaban, copita en mano, el escritor Sergio Pitol, el poeta Hugo Gutiérrez Vega, el caricaturista y curador de la obra, Rafael Barajas “El Fisgón”, el fotógrafo Héctor García, el escritor Sealtiel Alatriste y el crítico Olivier Debroise, entre otros.



Cerca de 500 personas inundaron los 4 pisos del edificio creado a fines del siglo XIX. Por ahí saludé a viejos tijuanenses que radican en la ciudad de México desde hace tiempo como el escritor Federico Campbell, la fotógrafa Elsa Medina y la periodista-poeta Patricia Vega.
El museo es, en gran medida, un compendio chilango (literalmente y sin ser peyorativo) de los usos y costumbres que el ciudadano defeño ha tenido, principalmente, desde inicios del siglo XX.
Me explicaba “El Fisgón” que Monsiváis tiene por costumbre aprovechar los fines de semana para comprar en distintos lugares (tianguis, librerías de viejo, tiendas de antigüedades) aquellos objetos que, sin siquiera saberlo el dueño del lugar, son de un valor extraordinario y permanecen en el abandono.
Así, por más de 40 años, el escritor mexicano ha perfeccionado la costumbre de buscar, encontrar, guardar en una caja, y luego olvidar en el rincón de su casa, distintos elementos de la cultura popular, en su mayoría, que ahora expuestos adquieren un gran sentido. Fotografías, caricaturas, grabados, carteles, maquetas, pintura, cuadernillos... Cada pieza fue colocada por orden temático y cronológico.
“Nadie sabe para quién colecciona” comentó Monsiváis esa noche. Después de 3 años de preparación, el MuMo (Museo Monsiváis) ya existe y, periódicamente, se irán develando el resto de las piezas donadas en exhibiciones posteriores e itinerantes ( no sería raro que a mediano plazo, una parte de la colección pudiera ser exhibida en tierras bajacalifornianas o en San Diego, California).

GUADALAJARA EN UN LLANO.-
Y la fiesta continuó en la Feria Internacional del Libro organizada por la Universidad de Guadalajara.
Sábado 25 de noviembre. Monsiváis recibe el Premio FIL 06 (100 mil billetes verdes) teniendo como testigos de honor a 3 premios Nobel: Nadine Gordimer, Gabriel García Márquez y José Saramago. Ahí mismo, se encontraban Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco. Cada uno de ellos fue ovacionado por más de mil personas que ya no cabían a lo largo del auditorio Juan Rulfo (varios cientos más no pudieron entrar).




“No te mueras Monsiváis” gritó un hombre desde la fila de atrás. El escritor, inescrutable rostro, asomó una semisonrisa, lo observó detenidamente y no quiso contradecirlo.
Después de los aplausos vino la rechifla, los aullidos de desprecio y los abucheos para la señora Sara Bermúdez. Fue una síntesis sexenal de incapacidad cultural que se reflejó en ruidos de desprecio (“ah, qué la canción” carraspeó la fulana).
La presentación realizada por José Emilio fue todo un acierto. Se fue por la carretera libre del desparpajo. Inventó un año, el 2038, y leyó un discurso futurista, de cuando Monsiváis todavía vivo y activo celebrará 100 años de edad y recibirá un homenaje por su centenario en plena FIL de ese año.
De acuerdo a Pacheco, en el año 2015 Monsiváis habría recibido el Premio Nobel y, cosa curiosa, sería la primera ocasión que 3 mexicanos recibirán en fila india tal reconocimiento, “en el 2013 fue Carlos Fuentes y en el 2014 Fernando del Paso” dijo (en este momento las ovaciones y las risas eran de fiesta total y Monsiváis enseñaba los dientes de amistad).
Luego, el escritor premiado de la FIL se tomó más de media hora para hacer un recuento de los sinsabores que rondan la actualidad mexicana (el papel de la iglesia y la educación laica; el precio único del libro y el veto de fox; la importancia del periodismo de investigación y el desuso de la crónica...).
En la ovación y entrega del Premio FIL, Saramago y García Márquez le levantaron las manos a Monsiváis como esos pesos gallos de los buenos tiempos del boxeo mexicano (El Púas Monsiváis o el “Monchi” Olivares).

¿LE GUSTARÁ A MI BUSTO? –
Para el lunes 27 de noviembre los estragos de tanto zangoloteo ya se le notaban a Carlos Monsiváis.
Con la garganta lastimada y resfríos por los violentos cambios de clima, se presentó a lo que sería uno de los actos más surrealistas de su vida: la develación de un busto a su imagen y semejanza en el Paraninfo de la UdeG.
El Fisgón “intentó” boicotear tal acontecimiento enumerando varias y contundentes razones para que no se le otorgara tal busto al escritor. La intervención del caricaturista y amigo de Monsiváis rompió totalmente con la solemnidad del ritual. Se repetían las carcajadas.
Cuando el escritor develó su busto la prensa multiplicó las placas fotográficas. Hay que anotar que el escultor Alfredo López Casanova le quitó los lentes al Monsiváis de bronce y lo alejó marcadamente el parecido con el original. El escritor atacado de la risa se tapó la cara y festejó el momento.




Después, el homenajeado tomó la palabra para decir:
- “Este día para mí es muy especial porque por vez primera adquiero un compromiso con un busto. Nunca había pensado que esto ocurriría. Ahora cada vez que piense, mi conciencia la voy a representar con un busto. Cada vez que escriba un artículo pensaré ¿le gustará a mi busto?”
Monsiváis pidió un último favor:
“Lo pido de manera afectuosa y entrañablemente, que cuando toque el momento, que a todos nos toca, que cuando mis aspiraciones dejen de latir, que entierren primero al busto”.
Así, en menos de una semana, Carlos Monsiváis vivió momentos límites de su vida, la creación de un museo personal, la entrega de uno de los premios literarios más importantes de Latinoamérica y la reproducción de un busto que hará que Monsiváis siempre esté presente en Guadalajara.
Abur.

Por: miguel angel vazquez ramos | el mororjom de la cultura | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009